Poemas de Katherine Mansfield

Pseudónimo que usó Kathleen Beauchamp (Wellington, Nueva Zelanda, 14 de octubre de 1888 – Fontainebleau, Francia, 9 de enero de 1923), destacada escritora modernista de origen neozelandés.

Entre sus obras destacan: En una pensión alemana, 1911. Preludio, 1917. Por favor, 1920. El viaje, 1921. Fiesta en el jardín y otros cuentos, 1922.

Katherine Mansfield fallece en 1923 a causa de una hemorragia pulmonar. El resto de sus obras serán publicadas más adelante por John Middlenton Murray, editor de la revista Rhythm, quien terminaría siendo su esposo en 1918, aunque para el momento de su muerte, ya no estuvieran juntos. El canto del cisne, 1923. Algo infantil, 1924. Diario de Katherine Mansfield, 1927. Cartas de Katherina Mansfield, 1928.

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1.

FUEGO DEL INVIERNO

Invierno afuera, pero en el cuarto cortinado
Sonrojada hasta la belleza por el fuego que flamea
Aislada de la fealdad de la calle por postigos y persianas
Una mujer está sentada -las manos rodeando las rodillas
Inclinada hacia adelante…
Sobre su pelo suelto
La luz del fuego teje una trama de oro brillante
Quema su boca pálido con apasionados besos
Envuelve su cuerpo cansado en caliente abrazo…
Apoyadas contra el guardafuego sus botas empapadas
Humean, y colgadas de la cama de hierro
Su chaqueta y su falda -su sombrero marchito y desastrado.
Pero ella es feliz. Acurrucada junto al fuego
Todos los recuerdos del día gris y penumbroso
Se reducen a nada, y ella olvida
Que afuera en la calle la lluvia que cae
Embarra la vereda hasta un grasoso pardo.
Que, en la mañana debe empezar de nuevo
Y otra vez buscar lo que no vendrá;
No siente esa desesperación insana
Que se filtra en sus huesos durante el día.
En sus grandes ojos -Cristo querido- la luz de los sueños
Se demoró y brilló. Y ella, otra vez una niña,
Vio imágenes en el fuego. Aquellos otros días
La casa amplia, los cuartos frescos dulcemente perfumados
Los retratos en las paredes, y cuencos chinos
Llenos de ‘pot pourri’. En su mecedora
El almohadón bordado con su nombre;
Vio otra vez su dormitorio, muy desnudo
La colcha azul trabajada con margaritas blancas y doradas
Donde dormía, sin sueños…
… Abriendo la ventana, desde el jardín recién segado
El aroma fragante, fragante del pasto perfumado
Las lilas lanzando en el aire brillante
Sus penachos de púrpura El saúco
Sus capullos como manos pálidas entre las hojas
Temblando y oscilando. Y, Oh, el sol
Que con su beso vuelve a darle calor y vida
Así que es joven, y extiende los brazos…
La mujer, acurrucada junto al fuego, se mueve inquieta
Suspira un poco, como una niña con sueño
Mientras las rojas brasas se deshacen en gris…
De pronto, de la calle, una explosión de sonido,
Un organillo, giró y chirrió resolló
La ebria, el hipo bestial de Londres.

2.

TÉ DE MANZANILLA

Afuera el cielo está encendido de estrellas
Un hueco bramido llega del mar
¡Y qué pena las pequeñas flores del almendro!
El viento estremece el almendro.

Nunca imaginé un año atrás
En aquella horrible casucha en la ladera
Que Bogey y yo estaríamos sentados así
Tomando una taza de té de manzanilla.

Leves como plumas vuelan las brujas
El cuerno de la luna es fácil de ver
Sobre una luciérnaga debajo de un junquillo
Un duende tuesta una abeja.

Podríamos tener cinco o cincuenta años
¡Estamos tan cómodos, juiciosos, cercanos!
Bajo la mesa de la cocina
La rodilla de Jack oprime la mía.

Pero los postigos están cerrados el fuego está bajo
Gotea la canilla con suavidad
Las sombras de la olla en la pared
Son negras y redondas y fáciles de ver.

3.

EL ENCUENTRO

Empezamos a hablar
Nos miramos; dejamos de mirarnos
Las lágrimas subían a mis ojos Pero no podía llorar
Deseaba tomar tu mano
Pero mi mano temblaba.
No dejabas de contar los días que faltaban para nuestro
próximo encuentro
Pero las dos sentíamos en el corazón
Que nos separábamos para siempre.
El tictac del relojito llenaba la habitación en calma
Escucha, dije, es tan fuerte
Como el galope de un caballo en un camino solitario
Así de fuerte – un caballo galopando en la noche.
Me hiciste callar en tus brazos
Pero el sonido del reloj ahogó el latido de nuestros corazones.
Dijiste `No puedo irme: todo lo que vive de mí
Está aquí para siempre’.
Después te fuiste. El mundo cambió.
El ruido del reloj se hizo más débil
Se fue perdiendo se tornó minúsculo-
Susurré en la oscuridad: Moriré si se detiene.

4.

MALADE

El hombre del cuarto vecino
Tiene el mismo mal que yo
Cuando me despierto a la noche lo oigo darse vuelta
Y después tose
Y toso yo
Y él vuelve a toser- Esto sigue mucho tiempo-
Hasta que siento que somos como dos gallos
Llamándose en un falso amancecer
Desde granjas distantes y escondidas.

5.

EL ABISMO

Un abismo de silencio nos separa
Yo estoy de un lado del abismo -tú del otro-
No puedo verte ni oírte -pero sé que estás allí-
Suelo llamarte por un nombre infantil
y finjo que el eco de mi grito es tu voz.
Cómo podemos franquear el abismo -nunca hablándonos,
tocándonos- antes pensaba que podríamos llenarlo
con nuestras lágrimas, ahora quiero destrozarlo con nuestra risa

6.

Cuando Fui un Pájaro

Versión: Cristina Negri

Me trepé al árbol de karaka
y llegué hasta un nido hecho todo de hojas
pero suaves como plumas.
Inventé una canción que siguió cantándose sola
y sin palabras, aunque se volvía triste al final.
Había margaritas en el pasto bajo el árbol.
Les dije, para ponerlas a prueba:
“Les sacaré las cabezas de un mordisco para darles
de comer a mis hijitos”.
Pero no creyeron que yo fuera un pájaro;
y siguieron bien abiertas.
El cielo parecía un nido azul con plumas blancas
y el sol era la madre pájaro que lo mantenía tibio.
Eso decía mi canción: aun sin palabras.
Mi Hermanito llegó por el campo empujando su carretilla.
Convertí mi vestido en alas y me quedé muy quieta.
Y cuando estuvo cerca dije: “Pío, pío!”
por un momento pareció sorprendido;
luego dijo: “Bah, no sos un pájaro; se te ven
las piernas”.
Pero las margaritas realmente no importaban,
Y mi Hermanito realmente no importaba;
Yo me sentía igual a un pájaro.

7.

Para L.H.B.

Versión: Cristina Negri

Anoche, por primera vez desde tu muerte
caminamos juntos, hermano mío, en mi sueño.
Estábamos otra vez en casa, junto al arroyo
bordeado de grandes arbustos de bayas blancas y rojas.
“No las toques: son venenosas”, te decía.
Pero tu mano lo intentó, y vi un destello
de una risa extraña, luminosa que te sobrevolaba
Y cuando te inclinaste vi las bayas centellear.
“No recuerdas? Las llamábamos Pan de Muerto!”
Me desperté y se oía el quejido del viento y el rugido
de las olas oscuras despeñándose allá en la costa.
Dónde- dónde está el sendero del sueño para mis pasos
ansiosos?
Junto al arroyo evocado está mi hermano
me espera con bayas en las manos…
“Son mi cuerpo. Hermana, tómalas y come”.

8.

El Golfo

Un golfo de silencio nos separa
Me detengo a un lado del golfo -tu al otro
No puedo verte ni oírte -pero sé que estás allí-
Suelo llamarte por tu apodo infantil
Y simulo que el eco de mi llanto es tu voz
Cómo podríamos unir el golfo -nunca a través de la palabra o el tacto.
Alguna vez creí que podríamos llenarlo con nuestras lágrimas
Ahora deseo romperlo con nuestras risas.

9.

Temprana Primavera

Los campos ya no están nevados
Hay pequeños lagos azules y banderas de un verde mullido.
La nieve ha sido atrapada en el cielo
Tantas nubes blancas -y el azul del cielo es frío.
El sol pasea ahora por el bosque
Toca las ramas y los tallos con su dedo dorado
y tiemblan, y despiertan de su sueño.
Sobre las ramas áridas sacude sus rizos amarillos.
… Aún está el bosque cubierto del sonido de las lágrimas…
Y el viento baila sobre los campos
Claro y penetrante el sonido de su risa al caminar,
Aún se estremecen los pequeños lagos azules
Y las banderas de verde mullido vibran y flamean.

10.

Por Qué el Amor es Ciego

El pequeño Cupido, cansado de los días de invierno
Lloraba lamentándose por el cielo triste
Hasta que ¡niño tonto! Lloró todos sus ojos;
Y crecieron las violetas.

11.

Mansfield en Pedazos

No te gustaría probar toda clases de vidas; una es demasiado poco, pero ahí está la satisfacción de escribir: uno puede ser un montón de gente.

“Would you not like to try all sorts of lives -one is so very small- but that is the satisfaction of writing -one can impersonate so many people.”
(1906)

Debemos deshacernos de la idea del cuco; y luego, luego viene la oportunidad de la felicidad y la libertad.

We must get rid of that bogey -and then, then comes the opportunity of happiness and freedom.
Mansfield se refería al amor, y tras casarse con John Middleton Murry comenzó a llamarlo Bogey, that bogey of love.
(1908)

Ayer le dije a la pobre L.M*. que después de que muriera, para probar que no existía la inmortalidad, le enviaría un gusano de seda en la caja de fósforos. Se quedó seria y perpleja.
*Ida Baker.
(noviembre de 1920)

La cantidad de delicado y minúsculo gozo que me produce observar a la gente y las cosas, cuando estoy sola, es simplemente enorme… en realidad sólo disfruto de unas “diversión perfecta” cuando estoy sola. Y lo mismo ocurre con lo que siento con respecto a lo que llaman “naturaleza”. Otra gente no se detiene a mirar las cosas que yo quiero mirar, o, si lo hacen, se detienen para complacerme o para no irritarme o para mantener la paz. Pero estoy hecha de tal modo que en cuanto estoy con alguien, empiezo a considerar sus deseos y opiniones, que no valen ni la mitad de los míos.
(mayo de 1915)

Cuando paso ante una tienda de manzanas, no puedo evitar detenerme y mirar y mirar hasta que siento que yo misma me estoy convirtiendo en manzana, y que en cualquier momento soy capaz de producir una manzana, milagrosamente, de mi propio ser, como el mago que hace aparecer un huevo…
Esta mención de Mansfield a “convertirse en lo que está viendo” está ligada, de alguna manera, curiosa, a la famosa Metamorfosis de Kafka. Recordemos que ambos escritores eran contemporáneos: Kafka nace en 1883, Manfield en 1888; Kafka publica La Metamorfosis en 1915, Mansfield habla de la metamorfosis en 1917; Mansfield muere de tuberculosis en 1923 y Kafka muere de la misma enfermedad en 1924.
(octubre de 1917)

Es una molestia infernal amar la vida como la amo. Parece que la amo más en vez de amarla menos a medida que pasa el tiempo. Nunca se convierte para mí en un hábito… siempre me maravilla. Espero ser capaz de permanecer en ella el tiempo suficiente como para escribir algo verdaderamente bueno.
(mayo de 1921)

El arte no implica el esfuerzo del artista por reconciliar la existencia con su visión, sino un intento de crear su propio mundo en este mundo. Lo que da tema al artista es la desemejanza con aquello que aceptamos como realidad. (noviembre de 1921)

12.

A Few Rules for Beginners

Babies must not eat the coal
And they must not make grimaces,
Nor in party dresses roll
And must never black their faces.

They must learn that pointing’s rude,
They must sit quite still at table,
And must always eat the food
Put before them—if they’re able.

If they fall, they must not cry,
Though it’s known how painful this is;
No—there’s always Mother by
Who will comfort them with kisses.

13.

Countrywomen

These be two
Country women.
What a size!
Great big arms
And round red faces;
Big substantial
Sit down places;
Great big bosoms firm as cheese
Bursting through their country jackets;
Wide big laps
And sturdy knees;
Hands outspread,
Round and rosy,
Hands to hold
A country posy
Or a baby or a lamb—;
And such eyes!
Stupid, shifty, small and sly
Peeping through a slit of sty,
Squinting through their neighbours’ plackets.

14.

Voices of the Air

But then there comes that moment rare
When, for no cause that I can find,
The little voices of the air
Sound above all the sea and wind.

The sea and wind do then obey
And sighing, sighing double notes
Of double basses, content to play
A droning chord for the little throats—

The little throats that sing and rise
Up into the light with lovely ease
And a kind of magical, sweet surprise
To hear and know themselves for these—

For these little voices: the bee, the fly,
The leaf that taps, the pod that breaks,
The breeze on the grass-tops bending by,
The shrill quick sound that the insect makes.

15.

Camomile Tea

Outside the sky is light with stars;
There’s a hollow roaring from the sea.
And, alas! for the little almond flowers,
The wind is shaking the almond tree.

How little I thought, a year ago,
In the horrible cottage upon the Lee
That he and I should be sitting so
And sipping a cup of camomile tea.

Light as feathers the witches fly,
The horn of the moon is plain to see;
By a firefly under a jonquil flower
A goblin toasts a bumble-bee.

We might be fifty, we might be five,
So snug, so compact, so wise are we!
Under the kitchen-table leg
My knee is pressing against his knee.

Our shutters are shut, the fire is low,
The tap is dripping peacefully;
The saucepan shadows on the wall
Are black and round and plain to see.

16.

The Secret

In the profoundest ocean
There is a rainbow shell,
It is always there, shining most stilly
Under the greatest storm waves
That the old Greek called “ripples of laughter.”
As you listen, the rainbow shell
Sings–in the profoundest ocean.
It is always there, singing most silently!

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