Poemas de Eva Falótico Gandolfi

1.

SER…

Ya entona su voz de oro la mañana,
una rubia torcaza me visita.
El mate humea su verdor. Me invita,
y abro el arcón de la palabra vana.

No me anima la ráfaga liviana
que acaricia a la frágil margarita.
Con el dolor de ser tengo una cita,
– de la postrera, aún mi sangre mana -.

Flora palomas la ilusión del cielo,
un lirio intenta darme azul consuelo…
Mas, tengo el alma inmersa en otras cosas.

Porque ser es andar guijarro y lodo,
es albergar la espina, y pese a todo,
marchitarse feliz, como las rosas.

2.

INCÓLUME

I
Cuando asilen tus ojos la belleza
y sólo la verdad reine en tu boca…
quebrantará tu sola flor la roca,
tu sola luz podrá con la vileza.

Si el egregio blasón de la nobleza
-áureo clarín que a la amistad convoca –
conmueve tu latido y lo desboca
fundiéndolo al caudal-naturaleza…

Habrás hallado el prístino camino;
aún en cimas o abismos, tu destino
sorteará las espinas de la suerte.

Trascenderá, incólume, tu esencia,
tornando en verso y tinta tu presencia
más allá de las fintas de la muerte.

II

¿Quién dijo que sucumben las pasiones?
¿Quién, que el beso fenece en el osario?
El alma lleva enhiesto el incensario
en el que arden eternas ilusiones.

El tiempo inexistente y sus legiones
intentarán callar tu campanario…
Ignóralos! Levanta el incendiario latido de las puras emociones…

Y cuando el tiempo marque admonitorio
que tu omega se acerca inexorable
cubre de alas tu frágil territorio;

escuda en armonías tu flaqueza.
No te turbes. Serás invulnerable…
¡La rosa no ha inclinado su cabeza!

3.

LA GAVIOTA

Contra el cielo recién amanecido
se dibuja liviana la gaviota
y tras del surco de la greda rota
el blanco multiplica su estallido.

También buscando el mar deja su nido.
Ya sobrevuela la pesquera flota
su bandada que leda se alborota
ante el marino fruto recogido.

Pronto el pico, en el agua se zambulle,
un cardumen plateado se escabulle,
mas ella vuelve con la presa aún viva.

Muere roja la tarde. Intempestiva
regresa la bandada a la ribera,
entre la roca gris el nido espera.

4.

IN ETERNUM
(eternamente)

Ese clamor antiguo de las cosas
se acendra en el latido de una estrella…
El argumento más cabal se mella
en el filo de dagas misteriosas.

No puede la ecuación herir las rosas:
más perdura la leve y rubia huella
-ah la tarde que al sol frágil destella-
que las arcas más ricas y fastuosas.

El sepulcro no es hito ni frontera:
es polvo ceniciento que fue hoguera;
y volverá a ser flor, arena o río.

No aniquila el invierno al rojo estío,
sólo extingue sus fuegos un instante…
porque la vida es pulso itinerante.

5.

IRREMEDIABLE

Va descalza la tarde por la playa…
Enciende su rubor cuando el estío
guarda otro sol de aliento fatigado
en el confín que ciñe al mar endrino.

Naufragan las estelas de las barcas
como un lamento blanco sin destino.
En la comba del aire se detienen
un instante los vientos peregrinos:
en sus fugaces manos, las gaviotas,
son ensueños de nácar… leves lirios
que velan las pupilas de la tarde
cuando se muere el sol sin un gemido,
y escapan cuando ay!, llegan las sombras
irremediables, como el tiempo ido.

Sobre la arena se tendió la tarde,
dicen las olas que ya se ha dormido.

6.

MARIPOSA

Como una joya frágil, vaporosa…
llega al jardín en manos de la brisa.
Ah, liviana presea. Pitonisa.
Flor sublime del aire: mariposa.

El jazmín alza el pétalo… Y la rosa
intenta detener tu grácil prisa.
De rama en rama, rauda se desliza
el latido de tu ala esplendorosa.

Llega la tarde presagiando en rojos
el ocaso del día y de tu vuelo.
El tiempo impío ceñirá tu anhelo,

tornará a tu primor en gala inerte.
Ha acudido esta lágrima a mis ojos…
Se ha prosternado el viento por tu muerte.

7.

TARDE Y PRESENTIMIENTO

Una incipiente y fresca claridad de jazmines
desmadeja en el aire arabescos fragantes…
Y entre nimbos sin prisa van los vientos errantes.
La amapola me entrega sus livianos carmines.

Canta el verdor… se apaga lejano en los confines.
Escapan a mis ojos los pinares distantes…
El río es un milagro de arrullos incesantes,
sumándose a los grillos que afinan sus violines.

Trepan mis sueños, giran, en el viejo molino…
En el preciso instante cuando amontona el viento
-y estremece a la tarde como un presentimiento-

su bufanda de nubes, su canción y su sino…
Quiero dejar un verso de luz… un verso rosa…
Que mi poema roce la piel de cada cosa.

8.

CERCA DEL CORAZÓN…

En el íngrimo erial de mi poesía
naufraga una vez más aquel ocaso…
¡Ah, las aves heridas de los besos
y el amor vuelto nada entre las manos!

Y la muerte del sol en tu mirada.
Y tu voz… Y tu voz como un presagio…
Éramos uno, como cauce y río;
como el humo fundiéndose en el viento…
Éramos sombra contenida en sombra;
reflejo de la luz en el reflejo.

Aconteció el desdén, llegó de pronto…
La tarde cubrió en seda nuestro llanto
-ese que no lloramos esa tarde-
que guardamos en un rincón del alma,
cerca del corazón y de los labios.

En el íngrimo erial de mi poesía
naufraga una vez más aquel ocaso.

9.

DEL ADIÓS…

Ya nada ha de importar. Nada. Si llueve
si guarda un sol dorado la fontana.
Sólo un dolor azul cada mañana
envolverá mi soledad de nieve.

Sólo el regreso del ayer conmueve
por breve instante mi existencia vana,
¿Para qué, luz, entráis por mi ventana
si a mis pupilas sólo el llanto mueve?

La daga del adiós hirió la risa,
el perfume, el color, la tibia prisa
de escuchar tu retorno hacia el ocaso.

El aciago quejido del fracaso
a callado los trinos de mis aves
y en la mar del silencio hundí mis naves.

10.

ARCANO

Alguien pasó. Ingenua su premura
no advierte que su huella se ha borrado…
Antes que el pie posara, era futuro…
en cuanto lo apoyó, se hizo pasado.

Creer en el presente: ¡Una utopía!
Cronos no le cedió tiempo ni espacio.
Todo es ayer… futuro… ayer… futuro;
el hoy es un pretexto que inventamos

para crear un tiempo detenido
si soplan buenos aires. Si son malos
confiamos que, redenta, la mañana

abrirá un nuevo sol para salvarnos.
Y en tanto, más se agosta nuestra vida,
más pesa la impotencia al preguntarnos:
¿Dónde y cuándo empezó el primer aliento?
¿Tras el último pulso…, dónde vamos?

11.

ALA INTERIOR

Cuando se rompa el cántaro, alma mía,
¿Dónde derramarás tus aguas quietas?
Inocentes, acaso, sigan prietas
sin notar su reciente autonomía.

Tal vez, rota la presa de la vida,
inerte el nervio y el pulso detenido,
el temor sea un escollo no vencido
cercándote en tu prisa desmedida.

Un último rescoldo de mentira,
de humano goce, acaso te retenga,
cierre tu oído a la divina arenga
y te empuje a la sombra que conspira.

Ay! Cuando te liberes, alma mía,
y olvides las agujas perentorias,
y clausuren las pérfidas memorias
la puerta de la azul melancolía…

Cuando eso ocurra, olvidarás mi vida,
pero mi ala interior seguirá tuya.
No habrá en la senda valla que concluya…
Habrá sólo, otro punto de partida.

12.

SOMBRAS…

De seda Y de cristal, esa azucena,
mecida entre los brazos de la tarde.
Al filo del poniente Febo arde
su postrer resplandor como una pena.

Ya la noche comienza su faena
contra la claridad, -¡Ah, fosco alarde!-,
detrás del monte su legión cobarde
teje las sombras que a la luz condena.

Un rito doloroso el del ocaso:
ahoga el horizonte con su lazo
su latido postrero a cada día.

¡Y cómo no sentir melancolía:
reina el arcano, mienten nuestros sueños,
y es cuando nos sentimos más pequeños!

13.

CENIZAS…

Tanto hallé en la frescura venturosa
de tu patio –coloquio de malvones-,
que vuelvo con el cántaro vacío,
abrevo en un bullicio chiquerío
que arrullaba tus siestas amarillas
corriendo “manchas” bajo tus limones…
Y me mojo en la luz –aquella breve-
calando la persiana en las hendijas,
fina saeta que en la cal vencida
del muro de mi cuarto se quebraba.

Vuelvo cenizas… en tu llamarada:
todos los soles todos de mi infancia.
Duele la ausencia. Pero pronto pueblo
con el pulso gastado del recuerdo
los cuartos, la cocina… la terraza!

Como a mí, te ha cubierto un polvo blanco
y por tu frente de balcón y aldaba
he advertido cruzarte alguna arruga,
como un gesto perpetuo de profunda
y desmedida pena… ¡Vieja casa!

14.

FE

Quiso al corcel del viento poner brida…
Mas, su sol interior vino en su ayuda:
Ante el error, le aconsejó la duda,
de su ser rescatar la fe dormida…

La fe al amor le dio la bienvenida.
Él mitigó su llaga más aguda
y sobre su alma férvida y desnuda
desplegó la bondad apetecida.

Así, dando la espalda al egoísmo
-buceando en lo más hondo de sí mismo-
Olvidando al espejo, halló al amigo…

Gozoso, pudo conseguir abrigo
en los cálidos brazos del hermano
y alcanzar el lucero con la mano.

15.

REMANENTE

Réstame este montón de cosas viejas…
este baúl ahíto de recuerdos
para encender al borde de la ausencia,
desdeñando, del tiempo, sus misterios,
el perpetuo fanal de mi cariño
hecho canto en mis versos.

Réstame transitar la maravilla
del huerto siempre verde de la infancia;
o aquel imperio rubio y victorioso
de juventud pletórica de ansias.
Volver por las mañanas opalinas
¿Adónde se escondieron sus fragancias?
¿En qué silencio oscuro desmayaron
su candor y frescura las palabras?

Y réstame el futuro impredecible
asomando sin prisa a mi ventana…
Réstame el campo azul de mi silencio
las risas por reir, y acaso… lágrimas.
Y en el reino sutil del sentimiento,
la imperturbable voz de la nostalgia.

16.

SOLO CENIT DE ROSA Y LLAMARADA

He conocido hombres sin nadires…
Sólo cenit de rosa y llamarada.
Esos que en medio de la noche oscura
abren el alba.

Los que con el sencillo abecedario
del viento, de la flor y de los pájaros
escriben el poema de la vida
como jugando.

No saben de relojes. No comprenden
la perentoriedad del calendario.
Pero han sabido armar con trapos viejos
goles de barrio.

Son los que desenfundan los violines
y nos llenan de música las manos
cuando el silencio de las amarguras
sellan los labios.

Pueden haber nacido en cualquier parte.
Mas en cualquier lugar tienen hermanos.
En las fronteras de sus planisferios
crecen geranios!

He conocido hombres sin pasiones
por ser tan febrilmente apasionados
que hasta izan emblemas de esperanza
tras el naufragio.

Si te encuentras con uno de esos seres,
marca el itinerario de sus pasos…
Cuando adviertas la niebla de una pena:
¡Sal a buscarlos!

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