Poemas de dos poetas españoles: Antonio Gamoneda y Ángel González

Antonio Gamoneda: (Oviedo, 30 de mayo de 1931). Poeta y crítico de arte español. Dedicado a la crítica de arte, trabaja como asesor cultural en la Diputación de León; es también director de la Fundación Sierra Pambley, institución dedicada la docencia caracterizada por ser una proyección de la Institución Libre de Enseñanza. Paralelamente colabora con la revista Serta, a la que aporta diversas reflexiones y estudios.

En 2006 recibe el Premio Cervantes, considerado el galardón más importante de las letras hispánicas. Considerado uno de los poetas fundamentales de la literatura contemporánea española, su obra se caracteriza por su rigor y su simbolismo, y ha sido traducida al alemán, francés, portugués e italiano.

Ángel González: ( Oviedo, 6 de septiembre 1925, Madrid 12 de enero de 2008) Su padre murió cuando el futuro poeta tenía tan sólo dieciocho meses. Pocos años después, en plena guerra civil, fue asesinado su hermano Antonio en la guerra, su otro hermano, Pedro, tuvo que exiliarse y a su hermana Maruja, se le impidió seguir ejerciendo como maestra, lo que marcó de manera definitiva la infanta del poeta. En 1943 enfermó de tuberculosis y fue durante la larga convalecencia, que duró tres años, en Páramo del Sil que el joven Ángel empezó a escribir poesía. Estudió Derecho por su cuenta desde su retiro, y acudía a Oviedo a examinarse. En 1950 se trasladó a Madrid para estudiar periodismo. En 1954 se presentó a las Oposiciones para Técnico de Administración Civil del MOP y fue destinado en Sevilla.

El reconocimiento institucional le llegó en 1985 con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y la elección en enero de 1996 como miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Su poesía se enmarca en la poesía de a experiencia, de carácter intimista pero reflejo de su sociedad. El paso del tiempo y la temática amorosa y cívica son las tres obsesiones que se repiten a lo largo de su obra.

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Antonio Gamoneda

1.

Malos Recuerdos

La vergüenza es un sentimiento revolucionario.

Karl Marx

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas Fragmento de superficie irregular, fino, alargado y puntiagudo, que se desprende de la madera, de un hueso, de un mineral, etc., o se forma en ellos, al partirlos o al romperse. y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.

Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…».

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere».
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

2.

MÚSICA DE CÁMARA

I

Si pudiera tener su nacimiento
en los ojos la música, sería
en los tuyos. El tiempo sonaría
a tensa Que está en tensión física, moral o espiritual. oscuridad, a mundo lento.

Mezclas la luz en el cristal sediento
a intensidad y amor y sombra fría.
Todavía silencio, todavía
el sonido no tiene movimiento.

Pero llega un relámpago; se anudan
en los ojos lo bello y lo potente.
La fría sombra se convierte en fuego.

La belleza y el ansia se desnudan.
La música se eleva transparente.
Oh, sonido de amor, déjame ciego.

II

Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.

Y yo escucho después —agua creciente—
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.

Tumba y madre recíproca Igual en la correspondencia de uno a otro , del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.

Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia

3.

Propongo mi cabeza atormentada…

Propongo mi cabeza atormentada
por la sed y la tumba. Yo quería
despedir un sonido de alegría;
quizá sueno a materia desollada.

Me justifico en el dolor. No hay nada;
yo no encuentro en mis huesos cobardía.
En mi canto se invierte la agonía;
es un caso de luz incorporada.

Propongo mi cabeza por si hubiera
necesidad de soportar un rayo.
No hablo por mí solo. Digo, juro

que la belleza es necesaria. Muera
lo que deba morir; lo que me callo.
No toques, Dios, mi corazón impuro.

4.

Agricultura

Qué valdría sin pisadas humanas
esta pobreza que hace crujir Dicho de algunos cuerpos, como las telas de seda, las maderas, los dientes, etc.: Hacer cierto ruido cuando rozan unos con otros o se rompen. la luz.
Qué sería la belleza violenta
del secano Tierra de labor que no tiene riego, y solo participa del agua llovediza sin el corazón cansado
que piensa en él: tierra comida
y mala soledad frente al acero
mural de las montañas.

Mirad, es bello y es verdad: arriba,
el cardo blanco y el centeno, ciegos,
vibran junto a los pájaros, y luego
baja la tierra sobre sombras rojas
hasta el poco de agua y los negrillos.

Baja roída por el sol, quemada
por el hielo como el rostro humano
quieto y tajado Dividir algo en dos o más partes con un instrumento cortante. de dolor, que pasa,
mil veces pasa por la tierra, duro,
con la herramienta y el caballo viejo,
seco como su amor, mil veces pasa,
toda la vida mientras dura el día.

5.

Amor

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

Ángel González

6.

MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.

Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
—oscuro, torpe, malo— el que la habita…

7.

Me he quedado sin pulso y sin aliento

Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón, de desaliento Decaimiento del ánimo, desfallecimiento de las fuerzas .

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.

8.

GEOGRAFÍA HUMANA

Lúbrica polinesia de lunares
en la pulida mar de tu cadera.
Trópico del tabaco y la madera
mecido por las olas de tus mares.

En los helados círculos polares
toda tu superficie reverbera Dicho de la luz: Reflejarse en una superficie bruñida
Bajo las luces de tu primavera,
a punto de deshielo, los glaciares.

Los salmones avanzan por tus venas
meridianos rompiendo en su locura.
Las aves vuelan desde tus colinas.

Terreno fértil, huerto de azucenas:
tan variada riqueza de hermosura
pesa sobre tus hombros, que te inclinas.

9.

Son las gaviotas, amor

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen Ablandar, poner tierno y blando algo a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta Admirado, pasmado. .

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

10.

Alga quisiera ser, alga enredada…

Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla Parte carnosa y abultada de la pierna, por debajo de la corva .
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.

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