Poemas de Cristina Peri Rossi

Poeta, novelista y periodista uruguaya nacida en Montevideo en 1941.Su madre, maestra, la inició en el amor a la literatura y la música, y la instruyó en los ideales feministas. Estudió Literatura Comparada y se ha dedicado a la docencia de esa materia. Su primera colección poética constituyó un pequeño escándalo por su erotismo y sus transgresiones sexuales. Tras el golpe militar uruguayo tuvo que exiliarse en Europa desde 1972.

Como escritora de narrativa se ha destacado por su obra “La nave de los locos”, una obra que deja en evidencia los crímenes de las dictaduras militares en latinoamérica, con una visión un tanto surrealista.

En lo que se refiere a poesía, algunos de sus libros son «Evohé», en 1971; «Descripción de un naufragio», en 1974; «Diáspora», en 1976; «Babel bárbara», en 1991; «Otra vez Eros», en 1994; y «Aquella noche», en 1996.

Sus temas predilectos son el exilio, el amor y el desamor así como la reflexión alrededor del oficio poético.

Entre otros galardones ha ganado el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti, en 2003, el Premio Loewe 2008, y el Premio Miguel de Cervantes 2021.

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I.

Vía Crucis

Cuando entro
y estás poco iluminada
como una iglesia en penumbra
Me das un cirio para que lo encienda
en la nave central
Me pides limosna
Yo recuerdo las tareas de los santos
Te tiendo la mano
me mojo en la pila bautismal
tú me hablas de alegorías
del Vía Crucis
que he iniciado
-las piernas, primera estación-
me apenas con los brazos en cruz
al fin adentro
empieza la peregrinación
muy abajo estoy orando
nombro tus dolores
el dolor que tuviste al ser parida
el dolor de tus seis años
el dolor de tus diecisiete
el dolor de tu iniciación
muy por lo bajo te murmuro
entre las piernas
la más secreta de las oraciones
Tú me recompensas con una tibia lluvia de tus entrañas
y una vez que he terminado el rezo
cierras las piernas
bajas la cabeza

cuando entro en la iglesia
en el templo
en la custodia
y tú me bañas.

II.

Bitácora

No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.

III.

De aquí a la eternidad

Descubrir a Dios entre las sábanas
-no en el templo fariseo
ni en la altiva mezquita-
sábanas blancas
sudario del amor que te cubría
manto sagrado
iniciar la bienaventurada ascensión
de tu piel a la eternidad
de tu vientre al círculo celestial
sentir a Dios en tus húmedas cavidades
en el grito vertiginoso
de la jauría de tus vísceras
saber
que Dios está escondido entre las sábanas
sudoroso
consagrando tu sangre menstrual
elevando el cáliz de tu vientre
descubrir de pronto que Dios
era una diosa,
última ascesis,
de aquí a la eternidad.

IV.

Las palabras son espectros

Las palabras son espectros
piedras abracadabras
que saltan los sellos
de la memoria antigua

Y los poetas celebran la fiesta
del lenguaje
bajo el peso de la invocación

Los poetas inflaman las hogueras
que iluminan los rostros eternos
de los viejos ídolos

Cuando los sellos saltan
el hombre descubre
la huella de sus antepasados

El futuro es la sombra del pasado
en los rojos rescoldos de un fuego
venido de lejos,
no se sabe de dónde.

V.

Humildad I

Nunca he pretendido que una sola idea explicara la diversidad del mundo ni un Dios
fuera más cierto que numerosos dioses
Nunca he pretendido que la psicología excluyera a la biología, ni que tener un sexo excluyera al otro.
Nunca he pretendido que una sola persona colmara todos mis deseos ni satisfacer todos los deseos de una sola persona.
Nunca he pretendido vidas anteriores ni vidas futuras: no creo haber sido nada más que lo que soy y eso, a veces,
con grandes dificultades.

VI.

Una canción desesperada

No me gusta cuando callas
y estás como ausente
No sé si no tienes nada que decir
o la raya de cocaína
se te subió a la cabeza.

VII.

Poetas

Los poetas no somos fiables para nadie.
No somos fiables para los editores, que prefieren editar novelas, no somos fiables para los bancos, porque no tenemos ingresos fijos, no somos fiables para los diarios, que prefieren publicar guerras y atracos, no somos fiables para los caseros, porque nos atrasamos en el alquiler.
No somos fiables
ni para los lectores:
les gusta gastar el dinero a renglón corrido,
no a renglón partido.

VIII.

(Sin título)

Ninguna palabra nunca
ningún discurso
-ni Freud, ni Martí-
sirvió para detener la mano
la máquina
del torturador.
Pero cuando una palabra escrita
en el margen en la página en la pared
sirve para aliviar el dolor de un torturado,
la literatura tiene sentido.

IX.

La pasión

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

X.

Distancia justa

En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilodigo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.

XI.

Escoriación

Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele, y arde el yodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esa suerte de heridas,
escoriaciones profundas, que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.

XII.

No quisiera que lloviera…

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

XIII.

R.I.P.

Ese amor murió
sucumbió
está muerto
aniquiladofenecido
finiquitado
occisoperecido
obliterado
muerto
sepultado
entonces,
¿por qué late todavía?

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