Poemas de Cecilia Vicuña

Sobre la autora:

La poeta, artista visual y cineasta Cecilia Vicuña nació en Santiago de Chile en 1948, en el seno de una familia de artistas; esto la favoreció e incluso lo expresó así: “Antes de saber escribir, yo inventaba palabras”. Se graduó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile en 1971 y en 1972 partió a Londres para estudiar pintura en la Slade School of Fine Arts del University College de Londres. El golpe militar y la instalación de la dictadura pinochetista la llevó a abandonar su país natal, durante algún tiempo recorrió distintos países y finalmente se estableció en New York en 1980.

Entre otros reconocimientos, en abril de 2022 fue galardonada con el León de Oro de la Bienal de Venecia, en homenaje al conjunto de su obra visual.

“Durante décadas, Vicuña ha recorrido su propio camino, con precisión, humildad y obstinación, anticipándose a muchos debates recientes sobre la ecología y el feminismo e imaginando nuevas mitologías personales y colectivas”, destacó la curadora de la bienal, la italiana Cecilia Alemani.

En cuento a su obra poética, entre sus libros destacan: Sabor a mí (1973), Siete poemas (1979) Precario/precarious (1983), Luxumei o el Traspié de la doctrina (1983), PALABRarmas (1984), Samara (1986), La Wik’uña (1990), Unravelling Words & the Weaving of Water (1992) La realidad es una línea (1994), El templo (2001) I Tú (2005), Zen Surado (2013), Kuntur Ko (2015), Lo Precario (2016), entre otros.

Su tema fetiche es el erotismo femenino. En sus poemas habla sin pruritos sobre la experiencia sexual de las mujeres, del deseo y del disfrute del propio cuerpo. Esto lo mezcla con la cosmovisión indígena, a veces mezclando el castellano con las lenguas qechua y mapudungún (idioma de la cultura mapuche, en el sur de Chile).

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I.

Retrato físico

Tengo el cráneo en forma de avellana
y unas nalgas festivas a la orilla
de unos muslos cosquillosos de melón.
Tengo rodillas de heliotropo
y tobillos de piedra pómez
cuello de abedul africano
porque aparte de los dientes
no tengo nada blanco
ni la esclerótida de color indefinible.
Tengo veinte dedos
y no estoy muy segura
de poder conservarlos
siempre están a punto de caerse
aunque los quiero mucho.
Después me termino y lo demás
lo guardo a la orilla del mar.
No soy muy desvergonzada
a decir verdad
siempre que hay un hoyo
me caigo dentro
porque no soy precavida
ni sospechosa.

II.

Luxumei

Necesito decir
que mi atavío natural
son las flores
aunque me vestiré
de un modo increíble
con plumas
dientes de loco
y manojos de cabellera
de Taiwan y Luxumei.
Cada vez que estornudo
se llena el cielo de chispas
hago acrobacias
y piruetas endemoniadas
cada noche
me sale una espalda adyacente.
Soy de cuatro patas
preferentemente,
las ramas
me saldrán por la piel,
estoy obligada a ser
un ángel con la pelvis
en llamas

III.

Poema puritano

Me encanta mi sexo
entre tu sexo y el mío
no sé cuál elegir.
Es que el tuyo
es tan divertido
y el mío tan bonito.
Pero lo que hay
que subrayar
es cómo cabe el tuyo
dentro del mío
siendo tan grande
y de color brillante.

Los sexos son
en sí mismos
perfumados.
Morir con la mano en el sexo.
No con la mano en la mano,
aunque de eso puede encargarse
la otra mano.

IV.

Mastaba

Me pareció que estaba
asomada en una cascada
del bosque
mientras metías tu mano
en mis nalgas.
Creí que volaba
bajándome del caballo
tu mano en mi sexo
me impulsaba
como pájaro húmedo.
Floté gozosamente
en la ocasión
me mojé hasta las rodillas
y dos lágrimas
me pusieron negras
las mejillas.

V.

Mascarón de proa

Delfín de tendones estirados
te vi haciendo gimnasia
y soñé que el viento
me hinchaba la columna
vertebral.

Mascarón de proa
de un barco viajando
a toda velocidad.
Me tensas como un arco
y entra la flecha
disponiéndose a volar
en el punto máximo
de tensión.

VI.

La mujer de C.

Lo raro es que “Judy”
es nombre para murciélago
y no para esta doncella
que aparece desnuda
sin el menor estrago
y es tan alta
que las personas
no la consideran
una de ellos
y es tan prolija
que las nubes
le tienen miedo
y cuando se desplaza
todos le miran
por si tiene
un patín
y cuando se sienta
la envuelven halos
las sillas cantan
y el suelo
en general
se bambolea.

VII.

La mujer ideal

Desde hace cincuenta años
se ha estado eligiendo en Inglaterra
La Mujer Ideal.
Cada año incontables jovencitas
concursan en los siguientes rubros:
Elegancia
Rapidez de Arreglo
Belleza
Arte de Cocinar
Arte de Planchar.
La más bella y diligente
obtiene el título.

Otros estudiosos han dedicado
su vida a observar los destinos
de las cincuenta Mujeres Ideales
que lucían tan bellas y normales
durante el concurso.

Se llegó a la conclusión
de que treinta de ellas
se habían convertido en alcohólicas,
diez en drogadictas
y otras diez en Dueñas de Casa
relativamente infelices:

Marie José Berlant: después de algunos años
de vagabundaje sexual
casó con un Conde Mayor,
se hizo alcohólica
y hoy descansa
en un asilo de ancianas.

Juana Mardoquí: felizmente enamorada
casó con un profesional,
fueron muy felices
hasta que él se suicidó
y ella gastó los últimos años
de juventud en el amor.

Jovita Desmanes: aficionóse a viajar,
después de varias ofertas,
optó por la soltería.
Dicen que la heroína
fue su única fiel compañia.

Estrella Martínez: visiblemente extrovertida,
alcanzó notoriedad nacional.
La excesiva alegría
dio con ella al fondo
de un canal,
al que se dirigía a toda velocidad
en su Mercedes tapizado de Jaguar.

VIII.

Solitud

Perderíamos más de la mitad
de nuestra unión
si dejo de ser
tu amigo

Yo no tenía salida
me sentía gentil

¿Quieres hacerme ver el cielo?
tócame ese espacio
blanco
entre los muslos
suavemente
sin otras intenciones
casi sin querer.

IX.

Carlorubindo antes de los 10 años

Esta era una pequeña alemana bizca
luego de masturbarte una semana
saltas la reja de fierro
y la haces acostarse
no hay nadie en la casa
primero se sube el vestidito
y luego se baja los calzoncitos
y la alemancita quietamente
se deja acariciar las nalgas.
“Bajemos la persiana verde,
no le digamos a nadie,
volvamos por Guillermo Franke.”
Después de todo, en el futuro
uno cumple 10 años y le dice a la alemana:
“Tiéndete de boca” una alemancita bizca
de pelo gris, sin mucho ni poco,
una carne blanca y después la confesión
para poder hacer la primera comunión.

X.

Amada amiga

Las personas que me visitan
no imaginan
lo que desencadenan en mí.
C. no sabe que sueño
con acariciarla
sin que me vea
mientras le echa dulce de camote
al pan parece que juega
con cálices y piedras sagradas,
el modo como levanta la mano
para llenar el cuchillo
de mantequilla
es un gesto
donde los mares hacen equilibrio
donde las mujeres que tienen frío
se solazan.
Tiene oleajes y consecuencias
como una línea en el radar.
Cuando se levanta la falda
para mostrarme el calzón plateado
veo grupos ondulantes de caderas
que repiten la redondez
y la perfección
hasta alcanzar una estridencia grande.

Anhelo que no se mueva demasiado
par a alcanzar a vivir en ella
a respirar y dormir
en esas planicies.
Está tan oscuro el muslo
tan brillante el pelo
que parece habla en otro idioma.
Lo que digo es tan torpe
pero cómo voy a decir:
“Eres tan hermosa”
“Me alegro tanto
de que hayas llegado.”
Cuando subo el libro del Renacimiento
donde vemos primitivos italianos
quisiera decirte:
“En esta ciudad te encuentro”
“Tú eres esas colinas”
“Tú las pintaste.”
Tus dedos son iguales
a la curva de las aletas
de la sirena
representada en la alegoría.
Pero no es exactamente esto.
Tú eres de un país con ciudades
de Lorenzetti.
Tú y yo alguna vez
volveremos a esa ciudad.

No sufras porque en este cuadro
dos mujeres se acarician
yo alguna vez te acariciaré.
No te preocupes de que estés envejeciendo,
tú vas a otra clase de tiempo
y yo también.
Aliméntate del relato que me haces
de la copa de vino
cruzando el umbral.
Aliméntate y enjóyate,
no dejes de soñar con el cuadro.
del maestro de Fontainebleu
donde una mujer
le toma a otra un pezón:
durante épocas enteras
nadie soltará tu pezón.

Quiero sufrir
enterrarme en ti,
ahorcarte y hacer un hoyo profundo,
donde te empiece a tapar la tierra
lentamente y ver tus colores
pudrirse bajo el café.
¿No te gusta tanto la combinación
de violeta y café?

No quería hablarte de la muerte
pero ya que la temes tanto
¿cómo no voy a hablar?
Es escaso el tiempo
que tenemos para vernos
y conversar.
Me gustaría ser hombre
para seducirte y obligarte
a que abandones tu casa
y te olvides de todo,
pero esta idea no me gusta.
Separados y solitarios
los hombres siempre están fuera
y nada necesitan con más urgencia
que estar dentro,
probar alguna tibieza,
altas y bajasmar.

Estoy cansada de ti
de tus resistencias
y conciencias.
Nunca te dejas llevar,
me gusta más que no lo hagas,
cuando lo haces
parece que el corazón te va a estallar
te va a florecer
te va a doler.

Es mentira que me haya cansado.
Es de mí que me canso.
Deseo verte nada más
que te enamores de otros
y nunca te apercibas de mí.

Cuando te vistes con camisa de franela
y calcetines de lana
por una semana
y te afeas y avejentas
para morir un poco
quiero estar cuando resucites
y sea una gloria de ojos húmedos
y oscuros.

Quiero ser un indio
que está escondido en las montañas
y nunca viene a las laderas
porque todo le duele.

Iluminarme con mis propias luces.

Naciste del cruce
de tu madre con la muerte,
ni siquiera en la infancia
habrás sido rosada.
Los que hacen el amor contigo
creen que nunca regresarán
que se van a hundir
que les vas a tejer
una tela húmeda en la espalda
y como es probable
que tengas conexiones
con la boca de los volcanes
por ahí tirarás a tus amantes
y si ellos se liberan
es porque te compadeces.

Te tengo miedo
porque no puedes mirarme
como yo te miro
no puedes amarme
como yo te amo
no puedes ni siquiera
desear acariciarme
y vivir algún tiempo conmigo
haciéndome peinados góticos
o pidiéndome que revuelva el té
con la punta de mi pezón.

Tu lado humano
no está a la altura
de tu lado bestial.
Algunos te imaginan dueña
de regiones orgullosas
y llenas de daño,
pero los que te han visto
con fiebre
o en épocas de menstruación
te aman muy en contra
de tu voluntad,
si es que tienes voluntad.
Solamente una intensidad
le da poderes a tu vida
y la muerte se ve acabada
por fuentes peludas
y calientes miradas

Qué daría la muerte
porque no tuvieras
esos ojos redondos
ni esos senos
ni esos muslos
ni esos tobillos
para dominarte
envolverte y guardarte
de una vez por todas.

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