Poemas de Blas Perozo Naveda

Poeta, narrador, periodista y docente. Nacido en el estado Falcón y radicado de larga data en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela. Licenciado en Letras y doctor en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos por la Universidad de La Sorbona. Desarrolló su obra poética en paralelo a su labor periodística. Merecedor de múltiples galardones, entre los que se destacan el Premio Nacional de Poesía (1989); Premio Municipal de Literatura, mención poesía (1992) y el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada (1993). Algunos de sus poemarios son Caín (1969), Babilonia (1971), Date por muerto que sois un hombre perdido (1973), Maracaibo City (1983), Mala fama (1988), Mala lengua (1989), El río, el rayo (1993), La piel áspera (2002), Canción del guerrero muerto y otros poemas (2012).

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1.

Casa sola del campo solo

A la memoria de Denzil Romero

El poeta serrucha su alma
quiere emparentar con su carpintería
lo que queda de la flor de la infancia
El poeta serrucha su alma
quiere saber a ciencia cierta
que solo el tiempo presente
y el lugar presente
tiene significado
quiere también como Eliot
regocijarse de su oficio de carpintero
El poeta tiene cuarenta y tres años
y es demasiado tiempo
y demasiado lugar el vivido
así como para no tenerlo en cuenta
como para que el aserrín
el serrucho y el martillo
los clavos y los cuchillos
los cinceles y destornilladores
y todo objeto cortante
no lo amenace
en este tiempo presente todavía sin regocijo
en este lugar presente no enjoyado
en esta alma que vaga en pena
en una casa sola del campo solo

2.

Receta

Para mí
aquella canción de Edith Piaf,
Anafranil dos veces por día,
Diazepam una en la mañana y otra en la tarde
y para dormir
Fluralema una cápsula antes de acostarse
el sueño
el sueño profundo de caer en un pozo negro profundo
profundo.
La muerte lo oscuro de morir en las horas de vigilia
en las alturas de la mar

encima de los puentes del mar norte
para mí
otra vez
maldición
qué retórica
tratamientos de los siquiatras
los consejos de cambiar la conducta
al adaptarme a una sociedad que odio
Allen Ginsberg Repetido,
la señorita Smith Repetida
Carson McCullers Repetido
La enfermedad de la escritura como castigo.
Para mí:
“Tome la vida con calma,
sus hábitos sexuales,
la familia
tenga cuidado”.
Para mí la errancia
La ira otra vez
el refugio de la carta del ahorcado en el tarot
le fol
la folie
la ausencia y el desolvido.
Nada de barcos que zarpan lejos
solo el encierro en la clínica para enfermos mentales
maldición de retórica
Ezra Pound nuevamente
Eliot y yo
repitiendo la misma tontería del tiempo
del lugar y del tiempo del verso y la vida
para mí la receta
la copa de cerveza impuesta por mí mismo
los bailes del trópico
las Antillas como una condena y una celebración
para mí Anafranil, Diazepam, Valium
calmantes hasta atosigarme.
¡¡Señores!!
El maldito a destiempo en una ciudad de versos
cortos
de sugerencias bobas
de serpientes venenosas
para mí el destierro interior.

3.

El aura

Qué haces tú,
lucero de la mañana,
aló de 8 y 30
pedazo de España,
Beethoven, guitarra,
pez que te mueves con facilidad en mi alma,
nadadora, Guajira Guantanamera, Haendel.
Qué haces tú
cuando mi alma de niño enfermo,
de mal de amores, enfermo,
qué haces tú
reina de mi día exacto,
mujer de treinta años,
rosa de los vientos,
viento de las islas.
Qué haces tú, sin mi permiso,
por tu decisión, signo y capricho,
tan dispuesta a sufrirme.
Eres el Aura
el viento tenue
que me despierta
y a la vida me vuelve,
resplandeciente, dorado
y en crisálida.

4.

Conferencia

Hablar de la tierra es fácil
dictar una conferencia sobre literatura también es fácil
beberte una botella de cerveza es sabroso y fácil
odiar es fácil
gritar es más que fácil
No es fácil abandonarlo todo y empezar de nuevo a cada instante
pero solo al principio
únicamente al principio
que qué es el tiempo
pues nada
el tiempo no existe
lo inventaste vos
tu cabeza
tu retrato de la infancia
las canas de tu madre
los dientes de leche que se cayeron
los amigos que llegaron al camino dulce de la muerte
los ciegos que creyeron ver la luz
algún día te hablarás en silencio y verás que digo la verdad
a medias.

5.

Cifra

Sofocado, lleno de espuma.
En el patio rechiflan
grima es un verbo para amarte
y amor se declina a partir de máuser
sofocado y en grima
si hay un buque anclado, voy y parto de viaje.
A veces uno promete la revuelta
pero todo lo que discurre por el río de la calle
pero estoy subido, encaramado, mirándote.
Cuando fue escrito
lo fue por vos y por tu culpa
siempre para descifrarte, descifrándome.
Tal tu voluntad
Y mi férrea servidumbre.
Lejos anduve siempre con tu sueño
y haciéndome pasar en todas partes como tu ciudadano
tu amante enmascarado
el siempre fiel.
Pero estaba lejos
y solo lejos puede uno amarte
recordar el calor, la grisapa,
la sofocación odiosa
trastocada en amor.

6.

El viejo cazador

El viejo cazador tiende trampas en el descampado.
Enmaraña, adorna la afrenta que lo turba.
Va por el campo desolado,
desolado.
Va a campo traviesa,
gira en el centro de una mira telescópica.
Comete errores de cálculo,
de lenguaje,
de amor; delata y encubre un nombre prohibido,
amado.
El Anciano Cazador dice China
por querer decir Deidad.
Esperanza perdida.
Ya no persuade a nadie con su apodo.
Y por mucho que orfebra,
el viejo cazador irá por el campo desolado,
desolado.
El viejo cazador está de muerte herido,
es arrastrado por las turbulencias del Río:
“No pronunciaré tu nombre,
ni el de la ciudad que te contiene.
Y toda vez que lo hube escrito,
quede ahora sin significado”.
Tal la última voluntad del viejo cazador que va por el
descampado, desolado,
desolado.

7.

Tocópero

En un tiempo anduve por la montaña
de lo celeste conocí
y fui conocido
de esa mañana hasta aquí,
ni una queja
y era todavía,
digo, por ese tiempo de montaña,
un caballo
con el casquillo puesto al revés
un contemplador
de la niebla y los ríos sagrados
y helados
cuánto de vanidad
y de idilio
cuánta errancia inútil.
Y si soñara
como sueño
y si laborara como ahora orfebro,
pasado ya el tiempo de la montaña
y el caballo,
solo estaré en un acantilado cerca del mar
bañado por el viento
y protegido por las serpientes inocentes del monte
en un acantilado,
cerca del mar.
Celeste.

8.

Bola de humo

Pero equivoco mi propio sueño
confundo mi propio manuscrito,
escrito en lo oscuro
en una hoja oscura.
Es un vidrio de niebla, mi sueño.
De todas maneras había que comenzar por alguna parte
del hilo,
dejar constancia de la letra en cifra y con destinatario.
Yo, el Ángel
el exciudadano de Taur-Town
a quien todos burlan llamando el Poeta
el escritor
el estúpido.
En estos instantes me acomodo en el Box
sonrío ante el Flash
y lanzo mi bola de humo,
mi verso secreto:
nadie sabe del ángel
de su poema escrito en una pared sin reflejos
y vos debéis de andar por ahí
vos o tu fantasma
y entonces sois una sombra
un duende negro y de luto
en el sueño del desterrado.

9.

Caballo y sueño

Para Eveline Ricordeaux

Un caballo
voy en un Caballo tirado al galope
hay toros y aves
y mucha música en las aguas.
Hay cristales
Cristales donde renacen los reflejos de las chispas que
saltan, que quedan en el aire, se vuelven sal en el aire,
partiéndose en mil pedazos, rojos, de fuego en la noche,
en lo oscuro.
Y mi Caballo va tirado a fondo.
Galope de cuatro patas extendidas.
Alas abiertas.
Mi Caballo en lo oscuro de la Sabana del Diablo.
Me detengo en el salto.
En el tris,
el exacto clima.
Me detengo y quedo en la sepia:
tú te paseas entre la bruma,
a la orilla del Sena,
los barcos y las barcarolas llenas de
flores
tú, Mademoiselle,
pequeña flor
tu mano en el aire.

10.

Cabeza puesta a fritar

Mi cabeza puesta fritar
en aceite y veneno
a punto de estallar
mi cabeza puesta a fritar
Mi cabeza, por fuera
la cabeza de un fauno
de un perverso
Mi cabeza por dentro
con sus huecos llenos de aceite
y solsticio de verano
Llena de brisa feroz
llena de linfa
Mi cabeza para el revólver
para el oficio de amarte
mi cabeza sin piedad
la cabeza del Tirano
mi cabeza de muerto
de perro ebrio
temblorosa
llena de terror
mi cabeza de miedo calcinada
Mi cabeza que sostiene mi cuerpo
que sostiene mis piernas
el hueco mismo del estómago
la sacrílega soledad del enfermo
Mi cabeza para afeitarme
para mirarme al espejo
para no mirar
y para dormirme
definitivamente
bien lejos de aquí
Mi cabeza para salvarme
para inventarte
poema feroz
escritura feroz
mi cabeza para el disparo
Mi cabeza sin institución
desterrada
y presentada a los jueces:
«esta es la cabeza del perverso
la del sin patria,
la del sin amor»
mi cabeza para la condena
Ahora deambula
da vueltas locas como la veleta
lanza su alarido
aúlla a la tempestad
emite ruidos obscenos
se desviste
vomita su sangre negra
Destierro: márcame con el hierro de fuego
hiérrame
Mi cabeza que habla, todavía
Mi cabeza flor de furia
voz del pueblo
sueño errante, del errante
¿Quién pudo instruirme sino el diablo?
Flor de la noche
muerte: te obsequio mi cabeza despojada
Mi cabeza de borracho consuetudinario
de pez espada
Yo me paré en mis dos patas maltrechas
sin embargo, y grité:
toda voz que ande por la calle,
todo canto horrible
toda palabra y todo signo innoble
sea bendito
Y anduve con la camisa por fuera
y no quise obedecer
porque amo el irrespeto
Tal mi discurso
claro como las aves
mi cabeza puesta a fritar en la plaza
de armas
en aceite y veneno
ahora sonríe en su garfio
es escarmiento de los que pasan
sin santiguarse
y sobre todo vos
para quien tanta palabra en cifra
fue escrita, en vano

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