Poemas de Antonia Palacios

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1.

Estoy aquí en lo oscuro de espaldas a la luz, olvidando el comienzo, la eternidad del día. Estoy aquí ignorada, el perfil de mi rostro perdido entre la sombra. Estoy aquí disminuida, apenas una línea, un punto sin relieve. Estoy aquí inclinada dejando que la noche me pase por encima. Afuera en el espacio Las águilas inmensas batallan con el viento. Estoy aquí aguardando… Y recojo mis gestos, y repliego mi aliento, amordazo mi voz y toda yo soy silencio oculta entre lo oscuro. Estoy aquí vigilante, velando temerosa una criatura errante que en mí se ha detenido. 

2.

Hay un tiempo de silencio. Un tiempo en que las horas pasan alumbrando lejos. Un tiempo de ojos que asumen las distancias. Hay un tiempo de regreso, un tiempo ciego. Hay un tiempo de tanteos donde nada asimos y una lenta densidad de cielos crece entre la sombra. Hay un tiempo sin tu rostro y un olor a viento de mar y la forma de tus gestos vaciando el tiempo, extraviándose en su vuelo. 

3.

Tus pasos se han perdido en un silencio oscuro. Si pudiese despertar. Percibir de nuevo los rumores consumidos, rescatar el eco de tu voz cautiva. Tengo una sed de ruidos, de golpes, una sed de escuchar el oleaje de la vida, el zumbido de la tierra, el último gemido de las cosas. Tus pasos se han perdido en un silencio oscuro. 

4.

Estoy ensayando un gesto. Se rompe mi equilibrio en el inicio de un gesto. Mi cuerpo se queda en reposo. Me he detenido en un gesto. Voy buscándole otra forma, desprendiéndolo del tiempo, liberándolo del cuerpo. Ha comenzado a fluir como un río desbordado. Hay manos que se sumergen, manos que quieren tocarlo. Mi gesto se va estirando, deja de pertenecerme. Otro gesto se levanta, otro vuelo, otra distancia. 

5.

Se empuja, se debate, se enrosca, se arranca, se tuerce, se vuelca, penetra ya en mi espacio, toca los alvéolos, los poros dilatados, las materias más ásperas, toca los desgastes, los desgastes que giran sin cesar en el fondo, toca las heridas, las inertes heridas, las del humus violeta, las púrpuras heridas, me acosa, me derrumba, me llena de grietas, de hartazgos de cenizas, me palpita, me sombra, penetra en mis cavernas, mis profundas cavernas abiertas al vacío, se cuelga del abismo, me sacude, me sufre, me desteja, me parte en dos mitades, me atribula, me espanta, me desquicia, me arrastra, se refleja, se avanza, me surca, me transita, me impotencia, me culpa, me fuga, me agoniza ¡Oh salto inmóvil!

6.

Irse desbordando sin saberlo. Irse apagando en una luz que tiembla. Irse descantando casi disminuida en una delgadez de filo hiriente. Irse perdiendo en las ausencias, sin la piel, sin el roce, sin aliento. Irse quedando sin forma, sin presencia. Irse volviendo polvo lentamente, polvo soplado por el viento. 

7.

Ven a sentarte aquí, bajo la lluvia, junto a las hojas mojadas. Ven a sentarte aquí frente al fulgor de la tarde antes de que llegue lo oscuro. Ven a mirar la espiga y la curva del espacio y el ala leve de aire que se respira a sí mismo. Ya está decreciendo el día. Ven a sentarte aquí junto a las voces que fueron. Ven a sentarte aquí donde ya no queda nada que puedan tocar tus manos, sólo este punto de muerte, este estirado vacío.

8.

De la vida nada he aprendido, la memoria se ha escapado por las sendas del olvido. Los sentidos están vivos pero el alma fatigada ha deshecho los albores lejos de un infinito. Me hago a mí misma preguntas que quedan sin contestar. Todo en mí está muy callado sumergido en el silencio. Estoy en un sitio muy frío, estoy despierta y sin lumbre. No sé por dónde empezar. Hay un respiro inmóvil, un mundo de ojos cerrados, una tristeza honda, un querer morir sin ruido.

9.

Estoy en contra de todo, del que me dijo te quiero, del pájaro que echó a volar, de la diafanidad del cielo, de la senda que va cuesta abajo y de la que trepa hacia arriba. Pasa una nube y pasa el aire. Se diluye la voz en el espacio y en el terreno, sitio donde yo me hallo, hay un desvivir perenne, un anularlo todo como si una gran esponja fuese borrando la vida. Recuerdo los otros tiempos, la transparencia del aire, los enlaces del amor, la infinitud de las horas cultivando cada instante y aquel gusto por las cosas, aquella recreación del tacto, mis dedos sobre una piel de animal. 

10.

Me quema la palabra, me hace llama. Me quema y no alumbra, me hace herida. Quemadura honda, no mana sangre. Me quema desde su oscuro pliegue. Se esconde la palabra, se hace hermética. Quiero arrancar la máscara ¡tantas máscaras! dejarla toda al desnudo. Saber de sus espumas cuando asoma en gran respiro. Se fuga la palabra. Persiguiéndola sin tregua se me escapa la vida.

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